Tengo un problema: la mayoria de mujeres que conozco me tachan de machista. Y lo peor es que creo que no lo soy. Estoy convencido de la igualdad entre personas, con independencia de su género, raza, condición social o religión. Lo que pasa es que en estos momentos o eres "machista" o eres "feminista". O esstás conmigo o estás contra mi. Y yo que soy quisquilloso con los términos, me da la impresión al leer estos dos que son idénticos, sólo que situados cada uno a un extremo de la línea. La igualdad se sitúa justo en medio, equidistante de ambos extremos. Y como defiendo esto me llaman machista las mujeres. Sobre todo las que más defienden la igualdad paradójicamente.
Y para echarle más leña al fuego de mis guerras terminológicas, el otro día en el boletín informativo de la cadena ser daban las noticias de sucesos de manera muy curiosa, al contar cómo una mujer había intentado degollar a su pareja mientras iban viajando en un coche en Elche. Ese mismo día también habían ocurrido dos sucesos en los que era el hombre el que había agredido a la mujer.
Pues bien, decian "hoy por desgracia tenemos que hablar de dos sucesos de VIOLENCIA MACHISTA...." y contaban esos dos sucesos, y luego decían "y de la violencia machista a la VIOLENCIA DOMÉSTICA...." para introducir la noticia de Elche.
Inmediatamente me surgió la duda. ¿Por qué cuando un hombre agrede a su pareja mujer es VIOLENCIA MACHISTA y cuando es la mujer la que agrede al hombre es VIOLENCIA DOMÉSTICA? ¿No debería ser VIOLENCIA FEMINISTA?
No sé.
viernes, 29 de enero de 2010
viernes, 22 de enero de 2010
La crisis y el terremoto de Haití
Lo cierto es que voy a comenzar mi blog con algo no muy agradable, pero es precisamente esto lo que me espoleó a crearlo, porque necesito desahogarme escribiendo lo que pienso.
Lo que ha ocurrido en Haití es terrible, sin duda. Pero más terrible me parece que casi ninguno de nosotros supiéramos que ese país, poco nombrado en los informativos hasta hace unos días, sea uno de los más pobres del mundo. Eso significa que aquí, en el mundo rico en el que vivimos, la pobreza nos pasa silenciada, desapercibida.
Haití siempre necesitó ayuda, y nadie se acordaba de dársela. Ahora necesita más, sin duda, y todos queremos lavar nuestras conciencias aportando 20, 30, 50 ó 100 € a una de las numerosas cuentas de ONGs y otros organismos. Pero, ¿de qué queremos lavar nuestras conciencias? ¿Por qué nos sentimos culpables? Esos mismos organismos, todos ellos desde mi punto de vista parte del sistema político-económico que nos ha llevado a la crisis, son los que nos hacen sentir culpables con sus mensajes. Pero no lo somos.
Hace unos días, en un reportaje de un programa de la primera sobre el mercado de fruta, aparecieron unas imágenes que me indignaron. En Mercamadrid se tiraban kilos y más kilos de fruta, en buenas condiciones (no podridas ni nada de eso) sólo "porque no se han vendido". Y yo me pregunto ¿esa fruta y verdura, esos alimentos en definitiva, no se pueden enviar a donde otras personas precisan alimentos? Decían que no querian donarlos para que no bajara el precio del producto. Es decir, se tiran alimentos por cuestiones de mercado. Porque el sistema económico (el mismo que está en crisis) lo exige. O lo que es lo mismo, mucha gente pasa hambre por culpa del sistema económico.
En conclusión, mi reflexión es: ¿por qué nos hacen sentir culpables, por qué nos piden dinero a los ciudadanos "normales" para ayudar a quien lo necesita, en vez de articular los políticos y los grupos de poder los mecanismos para que no se tiren alimentos, para que no se desperdicien recursos? Pues creo que porque esto al poder le interesa. Al poder le interesa que haya mucha gente necesitada y pobre. Y a la poca gente del mundo que no pasamos necesidades (aún) nos mantienen con un sentimiento de culpa constante, que nos hace creer que somos correponsables de la desgracia de otros. Para colmo, nos tienen convencidos de que formamos parte de la toma de decisiones porque cada 4 años echamos una "papeletilla" en la urna. Así nos mantiene a raya.
Lo que ha ocurrido en Haití es terrible, sin duda. Pero más terrible me parece que casi ninguno de nosotros supiéramos que ese país, poco nombrado en los informativos hasta hace unos días, sea uno de los más pobres del mundo. Eso significa que aquí, en el mundo rico en el que vivimos, la pobreza nos pasa silenciada, desapercibida.
Haití siempre necesitó ayuda, y nadie se acordaba de dársela. Ahora necesita más, sin duda, y todos queremos lavar nuestras conciencias aportando 20, 30, 50 ó 100 € a una de las numerosas cuentas de ONGs y otros organismos. Pero, ¿de qué queremos lavar nuestras conciencias? ¿Por qué nos sentimos culpables? Esos mismos organismos, todos ellos desde mi punto de vista parte del sistema político-económico que nos ha llevado a la crisis, son los que nos hacen sentir culpables con sus mensajes. Pero no lo somos.
Hace unos días, en un reportaje de un programa de la primera sobre el mercado de fruta, aparecieron unas imágenes que me indignaron. En Mercamadrid se tiraban kilos y más kilos de fruta, en buenas condiciones (no podridas ni nada de eso) sólo "porque no se han vendido". Y yo me pregunto ¿esa fruta y verdura, esos alimentos en definitiva, no se pueden enviar a donde otras personas precisan alimentos? Decían que no querian donarlos para que no bajara el precio del producto. Es decir, se tiran alimentos por cuestiones de mercado. Porque el sistema económico (el mismo que está en crisis) lo exige. O lo que es lo mismo, mucha gente pasa hambre por culpa del sistema económico.
En conclusión, mi reflexión es: ¿por qué nos hacen sentir culpables, por qué nos piden dinero a los ciudadanos "normales" para ayudar a quien lo necesita, en vez de articular los políticos y los grupos de poder los mecanismos para que no se tiren alimentos, para que no se desperdicien recursos? Pues creo que porque esto al poder le interesa. Al poder le interesa que haya mucha gente necesitada y pobre. Y a la poca gente del mundo que no pasamos necesidades (aún) nos mantienen con un sentimiento de culpa constante, que nos hace creer que somos correponsables de la desgracia de otros. Para colmo, nos tienen convencidos de que formamos parte de la toma de decisiones porque cada 4 años echamos una "papeletilla" en la urna. Así nos mantiene a raya.
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